miércoles, 8 de abril de 2015

Kassel no invita a la lógica



Título: Kassel no invita a la lógica.
Autor: Enrique Vila-Matas
Editorial: Seix Barral
Páginas: 304.

Sinopsis
Una extraña llamada interrumpe la rutina de un escritor. La enigmática voz femenina al otro lado de la línea le dice que los McGuffin quieren invitarlo a cenar para desvelarle la solución al misterio del universo. Pronto descubrirá que se trata de una convocatoria para participar en la Documenta de Kassel, la mítica feria de arte contemporáneo, donde su cometido será convertirse en instalación artística viviente y sentarse a escribir cada mañana en un restaurante chino de las afueras. En Kassel, el escritor comprueba sorprendido que su estado de ánimo no decae al atardecer y que, en cambio, el optimismo lo invade mientras pasea impulsado por una energía inagotable que late en el corazón de la feria. Es la respuesta espontánea e imaginativa del arte que se levanta contra el pesimismo. Con humor, hondura y lucidez, Enrique Vila-Matas cuenta la historia de una gran expedición: la del paseante solitario que, rodeado de rarezas y maravillas, se atreve a traducir un idioma que no conoce, participa en bailes invisibles, pernocta en su particular tierra prometida y, finalmente, encuentra un hogar en el camino. Desde su terraza de Kassel, este paseante nos invita a ver el mundo desde otro ángulo y desvela la esencia misma de la literatura: la razón, la verdadera razón, para escribir.

Opinión
Es inevitable respirar la duda en cada una de sus líneas. Dudar no sólo es sano, debe pensar Enrique Vila-Matas, es lo necesario. Necesario para qué. Para vivir probablemente, como unidad humana o como colectivo. Y qué mejor objeto para la duda que la razón de ser del arte, tan infravalorado en estos tiempos; qué mejor lugar que la ciudad de Kassel, escenario cada lustro de la más grande y heterogénea exposición de arte contemporáneo y vanguardista, la Documenta. Italo Calvino puso por escrito que la ciudad de Turín invitaba a la lógica y que la lógica llevaba a la locura, tal fuera por ello que en Turín se quitarán también la vida por su propia mano Emilio Salgari, Cesare Pavese o Primo Levy. ¿Ocurría en Kassel -ciudad donde los hermanos Grimm recopilasen sus cuentos, donde la Segunda Guerra Mundial dejase una enorme huella macabra, donde se alza la broncínea musculatura de Hércules- el efecto contrario? Desde luego Kassel parece no invitar a la lógica.

Hasta allí se va nuestro amigo Enrique Vila-Matas. Es imposible no sentirlo así cuando nos escribe, se genera cierta complicidad, se le perdonaría casi cualquier cosa, es nuestro amigo quien nos habla. El personaje sostiene un argumento tedioso en apariencia, marca de la firma, un argumento excusa y un argumento finalmente justificado. Impulsado por el miedo tal vez, así lo sugiere, nos parece más bien impulsado por esa curiosidad que se le presupone al escritor y que, en Vila-Matas, ya nos ha regalado no pocas alegrías literarias. Así que vía Frankfurt nuestro personaje protagonista, el mismo de siempre, un Vila-Matas caricaturizado, se presenta en Kassel después de haberle dado algunas vueltas al asunto. Viaja plenamente consciente de su bipolar estado de ánimo: euforia por las mañanas y melancolía por las tardes. Ya nos ha abierto las puertas a la duda. El arte, su razón de ser, late en cada párrafo. Para ello nos habla de la vida, de una vida extraña cuyo sentido tal vez se entienda por medio de su valor estético tal y como explicara Safranski en su Romanticismo. Una odisea del espíritu alemán a través de unas palabras del muy admirado por Vila-Matas, Nietzsche: Solamente como fenómeno estético están eternamente justificados el mundo y la existencia. La cita parece quedar suspendida en el aire durante toda esta pequeña gran aventura en Kassel del autor catalán, y es importante no olvidarla para una buena comprensión de la obra.

Nuestro personaje es invitado a la Documenta 13 para formar parte de ella. Lo hará como escritor invitado a escribir cara al público en un restaurante chino a las afueras de la ciudad. Ha de pagar ese precio si realmente está interesado en descubrir la solución al misterio del universo y a iniciarse en la poesía de un álgebra desconocida. Así prefiere verlo, de tal modo se convence de la necesidad del viaje. Pero no es una aventura quebrantar el trabajo del escritor tan íntimamente ligado a la soledad. O tal vez sí. O tal vez sea justamente que para alcanzar los fines propuestos o imaginados nuestro personaje deba exhibirse al modo de una obra de arte. Es complicado.

Es el Vila-Matas paseante en Kassel quien nos habla. Ya sea en soledad o acompañado por el enigma que entrañan cada una de las mujeres que trabajan para la muestra, nuestro personaje visita cada una de las obras que la Documenta nos ofrece. En palabras de Carolyn Christov-Bakargiev, la mayor responsable de Documenta 13: Asumo el riesgo de desconcertar a muchos. Esta edición carece de concepto. Ante el hecho de que existe una multitud de verdades válidas, nos enfrentamos permanentemente a interrogantes insolubles. De ahí la posibilidad de no escoger o de escoger alque que sabemos también parcial o inevitablemente falso. Lo que se verá en Kassel será arte o quizás no. Pronto nuestro Vila-Matas personaje se dará cuenta que dichas obran se alejan por completo del concepto más popular del arte. Un salón completamente a oscuras habitado por silenciosos bailarines susurrantes, el frío soplo de aire en la nunca en un callejón, una montaña de escoria o un jardín de humus con un galgo español que lleva una de sus patas pintada de rosa, son algunos ejemplos. El narrador, nuestro personaje, se recrea en la descripción de dichas obras. Sabe, y también nosotros ya lo sabemos, que es imposible apreciar el juego en cada una de ellas, todas como una propuesta más que como idea, un arte sensorial, un arte que se vive.

Un arte que invita a la duda y cómo no, a la reflexión. Enrique Vila-Matas se moja, de forma directa a veces y en otras haciendo lo que mejor sabe hacer, a través de la mera narración de unos hechos. A medida que pasan los días algo va cambiando en él. Su bipolar estado de ánimo le parece alterado. En principio le cuesta saber si se trata de un avance en sus ridículas rarezas o es el lugar. ¿Acaso algo se ha abierto camino en su mente de creador literario? ¿Acaso esta nueva forma de vivir el arte ha tenido que ver en la desaparición de su melancolía vespertina? En cualquier caso, Enrique Vila-Matas nos sorprende con una novela optimista. ¿Quién había dicho que el arte contemporáneo estaba de capa caída? Sólo los intelectuales de países incultos como el mío podían llegar a pensar este tipo de barbaridades. Bien por Vila-Matas. El arte del mundo estaba muy vivo, era la única ventana abierta que les quedaba a los que todavía buscaban la salvación del espíritu. Tal vez sí, tal vez no, la afirmación es elegante al menos.

Nos gusta Enrique Vila-Matas cuando es el magnífico teórico que se dedica sobre todo a novelar, explorando el ilimitado campo de la ficción apostando siempre al doble. Sus historias acaban por llevar al lector a un ya me ha vuelto a liar otra vez.  Las novelas de este autor catalán no tienen ni principio ni final. Su obra es una evaluación continua y siempre inacabada, toda ella una cuestión profunda tratada con sencillez, el lector nunca deja de estar cómodo. Para los más hambrientos de la clase sus novelas son centones basados en el lenguaje del hipertexto. La novela de Vila-Matas continúa en cada una de las muchas citas y los muchos autores que albergan sus páginas. Conoce bien el lugar que ocupa en el panorama literario en lengua española, lo asume,  y es sin embargo nuestro autor más europeo, dato a señalar muy especialmente en este librito, tal vez por aquello de la poesía de álgebra desconocida. Un hombre obsesionado con la literatura es Enrique Vila-Matas. No me resisto a acabar esta recomendación con un extracto de Kassel no invita a la lógica:

No creo que la gente tenga ningún problema con el arte, en general no tiene ningún problema con la cultura, el problema lo tiene la política, que no sabe muy bien qué es la cultura...y hoy más que nunca necesitamos otras voces porque las que estamos escuchando son pesadas repeticiones de lo que venimos oyendo toda la vida...¿Te acuerdas de Flaubert cuando cuenta en una carta que va a palacio y se presenta ante el príncipe Napoleón, pero éste ha salido? He oído cómo hablaban de política, escribe Flaubert, les he escuchado y es algo inmenso, ¡es tan vasta e infinita la Estupidez humana!

Reseña realizada por Eduardo Flores de La victoria de la carne

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